Curioso elemento el agua. En ocasiones nos da la vida y en otras nos la quita. Hoy leía en la prensa la noticia de la muerte del niño causada por una riada en Ciudad Real. Esta foto aparece en diversos periódicos y la verdad que la he observado detenidamente. Su autor Mariano Cieza Moreno (EFE) capto en esta desgarradora instantánea el momento del traslado del cuerpo. La foto es de esas que te las quedas analizando. Vemos a un grupo de 17 personas, 4 buzos de la Guardia Civil transportan el cuerpo sin vida del niño, detrás también vemos a más gente que seguramente formaban parte de grupos de rastreo y entre ellos hay alguien que muestra una expresión de dolor y desgarro, es el chico que permanece bajo el paraguas, que posiblemente sea su hermano de 14 años. La foto no permite contemplar bien sus expresiones –en prensa se ve mejor-, son esas caras que se nos quedan a todos cuando presenciamos una tragedia, esa sensación de que se para el mundo, lo mismo que cuando circulamos en coche y vemos el típico accidente con las sabanas blancas, se te encoge el corazón y por un momento guardas un respetuoso silencio, al cabo de un par de minutos los olvidas, y es que la vida sigue…
Cuando veo a esos equipos de rescate, enfundados en sus neoprenos, esos neoprenos que nunca suelen ser ni fashion ni cool, metiéndose a buscar cadáveres, rastrear pantanos, sumergirse en pozos y cientos de sitios similares, siempre pienso en lo tremendo que tiene que resultar ese encuentro, el encuentro con el cuerpo, la expresión, los familiares esperando, los llantos…
Tenía nueve años.























