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domingo, 11 de septiembre de 2016

La película (The Shallows 2016)


Suele suceder que cuando uno va a ver una peli con cierta predisposición negativa al final le acabe gustando. Eso es al menos lo que me ha pasado con la cinta del barcelonés Jaume Collet-Serra. Como producto de entretenimiento (en realidad eso es lo primero que debemos exigir a una película) The Shallows cumple a rajatabla y nadie nos está vendiendo una masterpiece, los ingredientes son los que logran mantener al espectador pegado a la pantalla: un metraje que apenas llega a los 90 minutos (hoy se abusa del mismo y la tendencia es rozar las dos horas), una trama de lo más sencillo, un reparto mínimo, una guapísima protagonista y unas buenas dosis de tensión. Si a eso le añadimos unos bellos exteriores (juraría que son de verdad, aunque hoy no te puedes fiar…), unas atractivas escenas de surf y un uso moderado del tema digital diría que el resultado final merece la pena el pago de una entrada de cine. La sombra de Big Wednesday (El gran miércoles 1978) sigue siendo muy alargada y se ha ganado a pulso el ser una película de culto, pero sacudámonos los prejuicios por un rato y dejémonos llevar por la corriente.

viernes, 9 de septiembre de 2016

Desde tierra

(foto Matt Clark)

Instantes inmortalizados a ISO/500, horas de espera, vientos y arena que se cuela por donde no debe, la serie que no llega y vuelta a casa de vacío. Gracias a quienes siguen apuntando desde la orilla. 

viernes, 2 de septiembre de 2016

domingo, 7 de agosto de 2016

El tiempo y las promesas

‘La única función del tiempo es consumirse, arde sin dejar cenizas’ (Elsa Troilet 1896-1970)

Siempre me había resistido utilizando como excusa las molestias que me provocaba en la muñeca. Aquello me había valido más de una reprimenda por mis continuos retrasos al tiempo que llegue a desarrollar una gran facilidad para inventarme cortadas imposibles de creer. Por lo general utilizaba tres sistemas para calcular los minutos en el agua, si había gente alrededor buscaba ese bulto en la muñeca que denota que hay reloj, aunque he notado que no es habitual llevarlo. Luego está la técnica del “frio”, es decir, cuando el dedo gordo del pie se queda muñeco y ofrece resistencia pasiva, esto acompañado de alguna que otra molestia muscular me solía avisar de que el baño tocaba a su fin, sobre todo en invierno. La otra opción era confiar en mi capacidad para calcular los minutos y las horas, he de confesar que en alguna ocasión lo llegue a clavar. El tema es que al final no me ha quedado más remedio que claudicar y volverme un esclavo de las manecillas, aun así sigo saliendo tarde del agua.

Por cierto, hablando de agua…