Suele suceder que
cuando uno va a ver una peli con cierta predisposición negativa al final le
acabe gustando. Eso es al menos lo que me ha pasado con la cinta del barcelonés
Jaume Collet-Serra. Como producto de entretenimiento (en realidad eso es lo
primero que debemos exigir a una película)
The Shallows cumple a rajatabla y nadie nos está vendiendo una masterpiece, los ingredientes son los
que logran mantener al espectador pegado a la pantalla: un metraje que apenas
llega a los 90 minutos (hoy se abusa del mismo y la tendencia es rozar las dos
horas), una trama de lo más sencillo, un reparto mínimo, una guapísima protagonista
y unas buenas dosis de tensión. Si a eso le añadimos unos bellos exteriores (juraría
que son de verdad, aunque hoy no te puedes fiar…), unas atractivas escenas de
surf y un uso moderado del tema digital diría que el resultado final merece la
pena el pago de una entrada de cine. La sombra de Big Wednesday (El gran miércoles 1978) sigue siendo muy alargada y
se ha ganado a pulso el ser una película de culto, pero sacudámonos los
prejuicios por un rato y dejémonos llevar por la corriente.
domingo, 11 de septiembre de 2016
viernes, 9 de septiembre de 2016
Desde tierra
(foto Matt Clark)
Instantes
inmortalizados a ISO/500, horas de espera, vientos y arena que se cuela por
donde no debe, la serie que no llega y vuelta a casa de vacío. Gracias a
quienes siguen apuntando desde la orilla.
viernes, 2 de septiembre de 2016
martes, 30 de agosto de 2016
viernes, 12 de agosto de 2016
domingo, 7 de agosto de 2016
El tiempo y las promesas
‘La
única función del tiempo es consumirse, arde sin dejar cenizas’ (Elsa Troilet
1896-1970)
Siempre me había resistido
utilizando como excusa las molestias que me provocaba en la muñeca. Aquello me había
valido más de una reprimenda por mis continuos retrasos al tiempo que llegue a
desarrollar una gran facilidad para inventarme cortadas imposibles de creer.
Por lo general utilizaba tres sistemas para calcular los minutos en el agua, si
había gente alrededor buscaba ese bulto en la muñeca que denota que hay reloj,
aunque he notado que no es habitual llevarlo. Luego está la técnica del “frio”,
es decir, cuando el dedo gordo del pie se queda muñeco y ofrece resistencia
pasiva, esto acompañado de alguna que otra molestia muscular me solía avisar de
que el baño tocaba a su fin, sobre todo en invierno. La otra opción era confiar
en mi capacidad para calcular los minutos y las horas, he de confesar que en
alguna ocasión lo llegue a clavar. El tema es que al final no me ha quedado más
remedio que claudicar y volverme un esclavo de las manecillas, aun así sigo
saliendo tarde del agua.
Por cierto, hablando de
agua…
jueves, 4 de agosto de 2016
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