domingo, 12 de agosto de 2018

Soplando velas


(foto: Art Brewer)



Charlaba hoy con un buen amigo con el que comparto baños sobre el asunto de la edad. Los dos superamos los 50 y luego de la cena nos pusimos algo filosóficos y comenzamos a debatir sobre lo divino y lo humano. Ambos coincidimos en que las sesiones (sobre todo en buena compañía) cada día saben mejor. En como de vuelta a casa uno se pone a rebobinar y a recordar esas 2 o 3 bajadas por las que valió la pena acercarse a la playa. En que sin quererlo nos volvemos testigos del crecimiento, desarrollo y evolución de esos chavales y chavales que hasta hace bien poco apenas se ponían de pie en sus tablas. En esa extraña sensación que se te pone en el estómago camino del mar los días que la cosa esta grande. En las mentiras piadosas que nos inventamos para encontrar un hueco en nuestras vidas y poder acudir a saciar el hambre de sal. En definitiva, que seguimos con la misma ilusión del primer día.




2 comentarios:

  1. hermoso relato contando de tus razones y ganas de seguir viviendo... todo se disfruta mas con la madurez, es verdad....

    saludos y a seguir tragando sal de vez en cuando...

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    1. Que tal JLO!
      Pues si, es posible que algo tenga que ver con la edad, las cosas se van viendo de forma diferente.
      Mientras el cuerpo nos lo permita seguiremos disfrutando de las olas.
      Gracias por pasar, un abrazo!

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