Hoy jueves la presencia del viento no daba mucho juego, por lo que optamos por la opción “paseo”. Para variar un poco tiramos hacia Samil, una zona que nunca frecuento y a la que como muchas otras cosas o la amas, o la odias. Es una playa de la que guardo buenos recuerdos de cuando era un crio, pero que el paso del tiempo y un urbanismo salvaje la han convertido en algo con fecha de caducidad. La playa ha ido desapareciendo y en ocasiones cuando vienen mareas fuertes el mar esta pegado al paseo. Hay algo acerca de un proyecto de demolición de toda la zona, seguramente estará cogiendo polvo en un cajón y ni dios se atreve a meterle mano.
Es por eso que hoy mientras paseábamos por este arenal –o lo que queda de el-, me venían a la cabeza imágenes de aquella playa de principios de los 70, cuando la arena llegaba a lo que hoy es la bolera, cuando los chiringuitos estaban hechos con cuatro tablas y poco mas, cuando el viaje en aquellos autobuses llamados “los rusos” era toda una odisea, cuando los Camy de limón median 50 cm…