jueves, 25 de julio de 2013

Vidas rotas




Era poco antes de las 10 cuando me llamaba Carmen para contarme que un tren había descarrilado a la entrada de Santiago. Enseguida nos pusimos en contacto con Alex pues no sabíamos si se venía para ver los fuegos y pasar los primeros días de vacaciones con amigos. Después de tranquilizarnos al saber que todavía estaba en Madrid comenzaba una noche triste y muy larga. Mi jornada laboral transcurrió entre la monotonía habitual y la escucha de las noticias que iban llegando de ese terrible y dramático accidente. A cada poco las cifras de fallecidos iban aumentando. Los testimonios de los vecinos que ayudaron en los primeros momentos eran escalofriantes y cuando escuchabas a los pocos supervivientes el corazón se te encogía. Hoy viendo las noticias y ojeando la prensa te encontrabas con imágenes muy duras y que difícilmente olvidaremos. No quiero ni pensar en las horas de dolor, angustia e impotencia de los cientos de familiares y amigos que durante toda la madrugada han estado esperando confirmación en cuanto a las identidades. A la hora de escribir estas líneas ya circula el video del descarrilamiento y su visión resulta espeluznante.

Desde aquí solo podemos enviarle todo nuestro cariño y darle mucho animo a todas las personas que han perdido a sus seres queridos.


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